Cada 10 de noviembre se celebra el Día de la Tradición en conmemoración del nacimiento de José Hernández, autor del Martín Fierro, una de las obras más representativas de la literatura argentina. Pero, ¿se puede hablar de una tradición que describa el “ser argentino”?

Cuando hablamos de tradición, muchas veces se la asocia con algo fijo, estático, inmutable, asociado al pasado. Pero desde la antropología entendemos la tradición más bien como un proceso situado en el presente, una construcción social que selecciona, transmite y resignifica elementos del pasado en función de los intereses y disputas del presente.

Según Julieta Infantino, Doctora en Ciencias Antropológicas de la UBA “El pasado es activamente construido desde el presente, seleccionando ciertos significados y prácticas mientras se excluyen otros. Por eso, la tradición nunca puede definirse como un conjunto de costumbres inmutables, sino un campo de disputa donde se definen identidades, pertenencias y valores sociales.”

En este sentido, la tradición es el elemento necesario para amalgamar a una sociedad y, a la vez, la instancia que nos permite discutir las injusticias y limitaciones que allí pueden anidar. Hablar de “la tradición nacional” implica reconocer que no hay una única versión de nuestra historia, sino procesos de selección, exclusión y resignificación de distintos pasados posibles. Más allá de la figura del gaucho o de las costumbres rurales, el Día de la Tradición celebra las expresiones culturales que se consideran propias del país. Cada uno de nosotros, en su propia vida y en su comunidad, expresa, habita y construye modos diversos de “ser argentino” los cuales, a su vez, encuentran líneas históricas de desarrollo.

“El “ser argentino” no es más que el resultado de un proceso histórico de disputas que, sin embargo, ha devenido en una forma hegemónica que encuentra al gaucho como su subjetividad más representativa y a una mirada anclada en lo porteño y, en cierto modo, bonaerense para definir qué es un gaucho y qué es lo criollo. Junto a esta subjetividad, el ser argentino se nutre de una serie de tradiciones (artísticas, gastronómicas, geográficas, etc) que están articuladas desde esa región del país. Seguramente la tradición más extendida de nuestro país sea tomar mate”, sostiene el Doctor en Letras de la Facultad de Filosofía de la UBA, Juan Ignacio Pisano.

La tradición se construye sobre el fondo de una cultura, que puede ser más o menos antigua. Al mismo tiempo, desde esa misma cultura surgen las posibilidades para disputar los sentidos opresivos de una tradición (si pensamos a la cultura como un conjunto amplio, donde anidan las formas de vida y las emergencias estéticas). Cultura y tradición, en ese sentido, se demandan mutuamente.

De acuerdo a lo expresado por Lucía Rodriguez Silva, Licenciada en Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, ”las tradiciones son prácticas específicas (como las comidas, las fiestas, los deportes) que se inscriben dentro de un ámbito más amplio, que es la cultura. La cultura no es única, ni estática, ni se define por una serie de objetos, sino por las relaciones entre ellos. Hay algo de ritual de las tradiciones, que en el propio proceso de repetición se transforman y generan una memoria colectiva en el largo plazo”.

Hay una forma hegemónica para articular la tradición, aunque cada región, si bien dialoga con la tradición nacional, presenta sus propias particularidades (leyendas, mitos, géneros musicales, inflexiones locales de una lengua nacional, etc). En este punto el Martín Fierro ocupa un lugar central en la construcción del imaginario nacional. La obra de José Hernández logró convertir al gaucho en un héroe popular, representante de valores como la libertad, la justicia y la dignidad frente a la desigualdad. Así, el Martín Fierro no solo es una pieza clave de la literatura argentina, sino también una obra fundacional en la construcción de una idea de “argentinidad” y de “tradición”.

Las ideas del ser nacional y de la tradición asociada al criollismo se definen hacia fines del siglo XIX, en un contexto de construcción del nacionalismo, momento en el que se consolida esa idea de tradición ligada a lo rural y a la figura del gaucho. Es un contexto en el que las elites políticas e intelectuales comenzaron a preocuparse por el impacto cultural de la inmigración, y buscaron construir símbolos de identidad nacional frente a esos procesos de cambio.

La tradición

Las tradiciones se viven en constante reinvención. Lejos de ser meros legados del pasado, son espacios donde se actualizan disputas por la memoria, la identidad y el sentido de lo común. Los distintos grupos sociales que habitan el territorio argentino recrean, reinterpretan y discuten sus patrimonios culturales, combinando lo heredado y lo nuevo.

En la actualidad conviven de modos diversos de acuerdo a la región. Desde el  carnaval tilcareño en la zona andina del norte de nuestro país, diferente de los carnavales en las ciudades, hasta las distintas manifestaciones del folclore. De algún modo, la tradición es el elemento necesario para amalgamar a una sociedad y, a la vez, la instancia que nos permite discutir las injusticias y limitaciones que allí pueden anidar.